Publicaciones científicas; menos es más

Publicaciones científicas; menos es más

La historia está repleta de ejemplos en los que se demuestra que una teoría es absolutamente errónea. La tierra era plana hasta hace poco… aunque quizás no sea le mejor ejemplo ya que existe todo un movimiento de terraplanistas.

Igualmente cuando sale una publicación científica en el campo de la medicina damos por sentado que es 100% cierta. ¿Cuántas veces, lo que nos dice un estudio, no se cumple o se cumple parcialmente en nuestra práctica clínica?

Hay trabajos excelentes, con una metodología perfecta y unos resultados fiables, pero es la minoría. Existe una fiebre por publicar que nos lleva a publicar como sea y da como resultado una gran cantidad de publicaciones científicas de dudosa credibilidad y/o que no contribuyen realmente al avance de la ciencia.

Algunos teoremas matemáticos o de la física han sido resueltos o refutados tras muchos intentos fallidos durante años y siguiendo una línea de conocimiento lógica que ha llevado a la solución o conclusión final. Se han cocido a “fuego lento” gracias a investigadores que fueron aportando su granito de arena alcanzando finalmente, resultados fiables.

En mi día a día no solo me encuentro con publicaciones mediocres, sino que muchos de mis colegas tienen la misma sensación respecto a lo que se publica en nuestro campo: cirugía oral y maxilofacial, implantología dental, cirugía estética…o la especialidad que sea.

Hablo con muchos compañeros y tenemos la sensación que, en muchas ocasiones, la finalidad de publicar es más importante que la de aportar conocimiento. Las Universidades quieren que sus profesores publiquen al máximo nivel… ¡perfecto! Las editoriales están obligadas a dar salida a sus números de revistas científicas mensuales… ¡genial! Nosotros tenemos que publicar si queremos tener una carrera profesional, no solo asistencial, sino también académica… ¡pues vale!.

¿En qué punto nos deja todo eso? Hay que publicar como sea, lo que sea y donde sea…como leí una vez “publish or perish”… da un poco de miedo. En mi opinión esta presión entraña dos riesgos. El primero es que hay un excesivo número de publicaciones, muchas de las cuales son prescindibles y están mal elaboradas.

El segundo es que obliga al profesorado a publicar si quiere ser docente en el ámbito universitario, lo cual me obliga a formular la siguiente preguntas: ¿Para ser buen docente, en la universidad, hay que tener muchas publicaciones? y ¿Pueden existir profesores universitarios excelentes y que no hayan publicado ninguna investigación científica?

Me encanta investigar pero no hay nada más aburrido que hacer un trabajo de investigación “por obligación”… el resultado final, simplemente, no es el mismo. Cuando investigo sobre algo que realmente me apasiona y con el tiempo suficiente para hacerlo bien, disfruto y aprendo. Cuando estoy obligado a publicar un trabajo que no me atrae demasiado, es un martirio e intento acabarlo cuanto antes mejor. Creo que esto pasa en cualquier actividad que realicemos en nuestra vida.

Con estas reflexiones personales, y sin parecer pretencioso, me gustaría recomendar a estudiantes, profesores e investigadores a seguir aquellos estudios que aporten información relevante para la evolución del conocimiento y que se hayan realizado desde la motivación que requiere realizar este tipo de publicaciones. Porque muchas veces, menos es más.

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